
Te ralea el cogote desde hace meses. Tratas de disimular los huecos con un peinado que crees desenfadado y que no pasa de iluso y ridículo. Te quedas calvo, no hay vuelta de hoja. Ni tu padre ni tu abuelo ni tu bisabuelo fueron calvos ni tu abuelo materno ni su padre ni tus tíos. Tu lo serás y en breve. Y tus hijos, si la hubiese tan desgraciada que se los dejase hacer POR TÍ.
Han caido chuzos de punta sobre tu coronilla astrosa. Te ha llovido mucho encima y estás empapado y pegajoso. El metro se averió y lleva más retraso de lo habitual. El de mantenimiento se olvidó de que la calefacción a cincuentaycinco grados hace sudar mucho. O será que pasa de bajarla o que lo han echado. Como la culpa es de Madrid y del expansionismo nacionalcatólico castellano para qué reparar nada. Hay tántos borbones que ejecutar en efigie.
Los retrasos del transporte público metropolitano generan más muchedumbres que las grandes cosmovisiones demagógicas. Enlatados en el vagón, todos esos cuerpos húmedos de lluvia y de animal humanidad hieden a campo de concentración que chirrían las pituitarias. Te rodean cuatro pakis regalándote sus poderosos efluvios de la estepa. Te sueñas fluido que escapa de la móvil tumba putrefacta, pero no eres más que moco fétido.
Al fin la superficie y presencias en primera fila el atropello de un motorista. Se le ha cruzado a un volquete enorme. Resbaló en el asfalto mojado y el volquete se lo ha llevado por delante sin piedad. Sus sesos sin casco alfombran el pavimento. El camionero se desgañita pidiendo ayuda, zarandea el cuerpo inerte de cuyo cuello cuelga un muñón sanguinolento. Echarías una mano pero de qué serviría, ese motero está tieso y lo sabéis todos. Lo sabes tú y lo sabe el camionero. Lo sabe la parejita feliz que observa horrorizada desde su adorable cochecito. Lo sabe la otra adorable parejita, la de mossos d´esquadra, que ni se acerca a preguntar. Demasiado ocupados sacándole los papeles a hostias a un moro que pasaba por allí. Que el moro no tiene más papeles que los clínex que pensaba vender en ese semáforo también lo saben, pero es un puto moraken, hay que meterle sí o sí.
Hay algo de todo ese espectáculo que te irrita. No es lo truculento del accidente. Será la entrañable actitud del cuerpo catalán de policía lo que se te mete en la conciencia como una estaca nudosa en el ojete. MÉS MOSSOS, MÉS A PROP, claro que sí. ¡Incrépales con el ardor de tus veinte años, escupe tu descontento libertario! No, pasas y te abres. De todas formas ya llega la ambulancia y el motero cabalga su chopper celestial lejos de tanta mugre.
Hay un peruano en el curro que es una maricona de estridente voz atiplada y cuerpo hiperbólico y contrahecho. Es inenarrable de lo feo y cubierto de un estremecedor acné crepitante. Las tías lo llaman EL RARO porque les da la brasa en cuanto descuidan el flanco. Los tíos procuráis no descuidar el flanco, convencidos de que no es la brasa lo que os daría.
No es que tengas demasiado en contra de los julapas, cada cual puede meter la verga dónde más rabia le de, siempre y cuando no sea en tu ojete. Es sólo que no te alineas con la corrección bienpensante, dictadora de una pacatería verbal primer eslabón para el indeseable control de las conciencias. No niegas el derecho de los maricas a follarse entre sí, pero ello no supone que debas dejarte encular por ellos ni por lo políticamente correcto. Si no niegas el derecho de los maricones a serlo porqué se te niega a tí el derecho a llamárselo. Eso es lo que tu sociedad censora e hipócrita promueve, la diarrea verbalespiritual de algunos y el silencio de hierro de muchos más. Y no hay cómo hacer comprender a tus mojigatos compañeros argumentación tan simple. Estando en la universidad ello te jugó alguna que otra mala pasada. Una noche estabas pedo con algunos compañeros y se os unieron unas cuantas niñitas unos cursos más jóvenes. Aún no sabes bien por qué alineamiento astral y despiste del destino te estabas llevando de puta madre con una rubita monísima. La cosa iba de coña, le encantaba el rollo pseudoanarcoide de tu larga melena castaña la palestina mugrienta el merchandaising cheguevariano. Aquella noche follabas fijo. Y vas y hablas. De qué, de los maricones. Te pones a largar que si es antinatural que si agujerodesalida no es dentrada blablabla. La pibita se mosqueó y como estabas desesperado por catar esa carne blanca tan tiernita trataste de arreglar el desaguisado soltándole el rollo de tus derechos y de la dictadura de la corrección. La rubia está en primero y lleva más de media docena de cubatas y la misma cantidad de canutos. Lo sabes porque tu se lo has suministrado todo con el noble fin de abrir su guardia, aunque de habitual bastante baja uno nunca debe fiarse. Además tiene un yate anclado en Puerto Banús. Con esto vengo a decir que tus soflamas apologéticas acerca de la autenticidad nietzscheana y del pensamiento fuerte frente a la insulsa moral postmoderna le entran por una de sus deliciosas pequeñas orejas y le salen por la otra porque NO ENTIENDE NADA. Se larga del coche que un amigo te prestó para magrearla cuando empiezas a compararte con Bakunin y Jesucristo.
2 comentarios:
Jeje, esa anécdota que me contaste parece distinta leída, como más literaria.
La memoria es literaria. El paso del tiempo adjetiva los fríos hechos. Afortunadamente. Unos eternos presente o pasado reciente resultarían una realidad demasiado objetiva de sobrellevar.
Un abrazo
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